Manifiesto
La comida no se tira. Se olvida.
Casi nadie decide desperdiciar comida. Simplemente llega el domingo, se abre el cajón de la verdura y ya es tarde.

El desperdicio doméstico no es un problema de conciencia. Es un problema de coordinación. Compras el miércoles pensando en una versión de ti que el jueves tendrá ganas de cocinar, y esa persona casi nunca aparece.
Los recetarios no ayudan porque van en la dirección contraria: empiezan por un plato apetecible y terminan en una lista de la compra. Es un buen orden para un fin de semana y un orden terrible para un martes.
Un inventario con fecha
Una cocina doméstica se parece más a un almacén pequeño que a un restaurante. Hay existencias, hay caducidades y hay una decisión diaria que a nadie le apetece tomar. Tratarla como lo que es no le quita romanticismo a cocinar: se lo quita a la parte que nadie disfruta, que es decidir.
Por eso en AutoMenu el color no significa bonito. Significa días que le quedan. Verde, ámbar y rojo son lo único que se colorea en toda la aplicación, y siempre quieren decir lo mismo.
Lo posible antes que lo perfecto
Una receta con cinco estrellas que no puedes hacer hoy vale menos que una receta correcta que sale con lo que tienes. AutoMenu ordena por lo segundo. No hay valoraciones, no hay tendencias y no hay platos patrocinados.
Cuando te falta algo, lo dice. Cuando algo que tienes puede sustituir a lo que falta, dice también en qué proporción y qué cambia en el plato. Esa honestidad es más útil que fingir que cualquier cosa vale.
Menos compra, no más
La medida del éxito no es cuántas recetas te enseñamos. Es cuántas líneas tiene tu lista de la compra al final de la semana. Si el número baja, AutoMenu está funcionando. Si sube, no.
Es una métrica incómoda para un producto, porque premia usarlo poco y bien. Nos parece la correcta de todos modos.